Detectar el cáncer de mama en sus etapas iniciales es fundamental para aumentar las probabilidades de un tratamiento exitoso. Esta enfermedad representa una de las principales causas de mortalidad en mujeres a nivel mundial, por lo que la identificación temprana de señales de advertencia puede marcar la diferencia en el pronóstico. Aunque muchas veces el cáncer mamario no presenta síntomas en fases tempranas, existen manifestaciones que merecen atención médica inmediata.
Cambios visibles en la mama
Uno de los signos más comunes y perceptibles del cáncer de mama es la aparición de una masa o bulto. Generalmente, estos bultos no causan dolor y tienen bordes irregulares, aunque también pueden presentarse como nódulos suaves y redondeados. No todos los bultos son malignos, pero es crucial consultar con un especialista ante cualquier anomalía palpable, especialmente si persiste durante el ciclo menstrual.
Además del bulto, se deben observar otros cambios físicos en la mama como el aumento de volumen o inflamación sin razón aparente. La piel también puede cambiar, volviéndose rojiza, caliente o con apariencia de “piel de naranja” (gruesa y con hoyuelos), lo que podría indicar una forma agresiva del cáncer, como el cáncer de mama inflamatorio.
Alteraciones en el pezón
El pezón puede ser un área clave para detectar los primeros síntomas de cáncer de mama. Algunos de los cambios que deben ser vigilados incluyen:
- Retracción del pezón (cuando se hunde hacia adentro de manera repentina).
- Cambios en la forma o posición del pezón.
- Secreción anormal, especialmente si es sanguinolenta o clara y ocurre sin manipulación.
- Enrojecimiento, descamación o formación de costras alrededor del pezón o la areola.
Estas señales pueden relacionarse con un tipo de cáncer poco común conocido como enfermedad de Paget del pezón, por lo que no deben ignorarse.
Dolor persistente en la mama o axila
El dolor no siempre está presente en el cáncer de mama, pero su aparición continua o localizada en una sola zona debe considerarse como una señal de alerta. Es importante diferenciar entre molestias cíclicas relacionadas con el ciclo menstrual y dolores persistentes que no desaparecen con el tiempo.
Asimismo, la aparición de dolor o sensibilidad en la axila puede indicar la inflamación de ganglios linfáticos, lo cual podría ser señal de que el cáncer ha comenzado a extenderse más allá del tejido mamario.
Cambios en la textura de la piel
Además de la piel de naranja, otro indicio temprano del cáncer de mama puede ser la formación de hoyuelos o pliegues inusuales en la superficie de la piel del seno. Estas alteraciones pueden no doler, pero al ser visibles deben evaluarse clínicamente.
La piel del seno también puede presentar escamas, engrosamiento o ulceración, síntomas que a menudo se confunden con enfermedades dermatológicas comunes. No obstante, si estos signos persisten, deben ser estudiados con estudios de imagen o biopsia, según el criterio médico.
Asimetría repentina entre ambas mamas
Aunque es común que los senos no sean exactamente iguales, un cambio repentino en la forma, tamaño o posición de una de las mamas debe considerarse una señal importante. Si uno de los senos parece crecer de forma rápida, endurecerse o adoptar una forma distinta, podría tratarse de una manifestación temprana del cáncer mamario.
Los cambios de asimetría pueden pasar desapercibidos si no se realiza una autoexploración periódica, por lo que es recomendable mantener hábitos de revisión mensual, especialmente después de la menstruación, cuando los senos están menos sensibles.
Ganglios linfáticos inflamados
La detección de ganglios agrandados en la axila o en la zona supraclavicular (encima de la clavícula) puede ser uno de los primeros indicios de que el cáncer de mama ha comenzado a diseminarse. A menudo, estos ganglios son duros, fijos y no dolorosos, lo cual puede diferenciarse de otras infecciones benignas que también provocan inflamación, como infecciones respiratorias.
Los estudios de imagen, como el ultrasonido de mama y axila, pueden ayudar a evaluar la presencia de ganglios anormales incluso antes de que sean palpables.
Importancia del autoexamen y del control médico
El autoexamen de mama es una herramienta complementaria, no sustituta, del chequeo médico. Consiste en revisar el aspecto y textura de las mamas y pezones, preferentemente una vez al mes, para identificar cualquier cambio con respecto al estado habitual. Aunque no reemplaza a los estudios clínicos, puede alertar a la paciente sobre posibles irregularidades.
El médico, por su parte, puede solicitar estudios como la mastografía, ultrasonido mamario o resonancia magnética, dependiendo del perfil de riesgo de la paciente. Las guías internacionales recomiendan realizar una mastografía anual a partir de los 40 años, aunque en mujeres con antecedentes familiares de cáncer de mama, puede indicarse antes.
Cáncer de mama en hombres: síntomas a vigilar
Aunque es mucho menos frecuente, el cáncer de mama también puede afectar a los hombres. Los síntomas son similares: aparición de un bulto, retracción del pezón, secreciones anormales o cambios en la piel del pecho. Debido a que no se considera una posibilidad común, el diagnóstico suele retrasarse en varones, por lo que es fundamental concientizar también en este grupo.
La vigilancia oportuna de cualquier anomalía en la región pectoral debe motivar una consulta inmediata con el médico.
Detectar los primeros síntomas del cáncer de mama puede hacer una gran diferencia en el tratamiento y en la expectativa de vida. Estar atenta a los cambios físicos, conocer el cuerpo y acudir al especialista ante cualquier duda son pasos fundamentales para cuidar la salud mamaria.
